¿Empieza el curso y notas que tu hijo ya se está agobiando? ¿tiene constantes cambios de humor y todo acaba en pelea? ¿o se muestra distante e irritado? Los problemas emocionales resultan difíciles de comprender. Cuando llega la ansiedad o la tristeza e invade tu vida, muchos no están preparados ni tienen herramientas para enfrentarse a ello. Simplemente sabes que pasa algo y al final si te escondes y no pides ayuda… pues se acaba convirtiendo en un problema cada vez mayor.

 

Los problemas emocionales son una de las primeras causas por las que mis niños, niñas, adolescentes y jóvenes llegan al estudio. En vez de encontrarse con un médico me ven a mí y eso les choca. ¿Qué va a hacer un psicólogo por mí? ¿mis padres están insinuando que estoy loco/a? A veces, los propios adolescentes me dicen cosas del estilo “Quizás los que deberían ir son ellos” y puede que no les falte razón.

Todos necesitamos ayuda de vez en cuando y comprender a una persona distinta a ti o que está teniendo dificultades en su vida es complicado. No obstante, los padres, los profes o los amigos son los primeros que detectan que algo no va bien. En los meses en los que la ansiedad o la depresión se ha instalado en sus vidas, no se han dado cuenta de que no son ellos mismos, sino que a veces esas emociones están tomando las riendas de su vida.

 

Con esa reflexión, muchos acaban pensando que la ansiedad o la tristeza es mala y tratan de evitarla y odiarla. Con el tiempo, he aprendido que es todo lo contrario, aunque a veces la odiemos, la ansiedad o la tristeza es esa señal que te indica que algo no va bien y que debes encontrar una solución para volver a ser tú y cambiar esos aspectos de tu vida que te tensan. De lo contrario, esa ansiedad inicial puede llegar a convertirse en una depresión.  Y es que cuanto más quieres aislarte del mundo, es cuando más deberías acercarte a alguien para que te ayudara La protagonista de hoy de nuestros finales felices es la adolescente más dulce y tímida que he podido conocer hasta ahora, sin embargo, la ansiedad no la dejaba ser ella misma y la condicionaba mucho en su vida.

 

A pesar de que tuviera varias capas de irritabilidad cuando la conocí, sabía que si profundizaba bien podía encontrar ese espíritu sensible y creativo que siempre había tenido y que había perdido. Me encanta finales felices precisamente porque a veces se menosprecia a los psicólogos infantojuveniles y su labor. Realmente puedes necesitar ayuda a cualquier edad y tener padres concienciados con ello, ayuda a mejorar la calidad de vida de sus hijos. Y sin más dilación, te dejo con su final feliz:

 

“Llevaba desde noviembre más o menos mal, había perdido la felicidad, la ilusión, lloraba cada noche de una tristeza aterradora que no sabía de dónde venía, hasta había dejado de comer. Mis padres se dieron cuenta más o menos en marzo o en abril porque se dieron cuenta que no vivía, sino que estaba por estar, sin más. Yo no quería ayuda, la muy cabezona de mí.

 

Un día llegué a casa y dijeron que querían hablar conmigo y me contaron que me iban a buscar ayuda. Me mostré impasible, pero no quería ir al estudio y ahora ya no quiero ni irme.

 

El caso, me acuerdo de este día como si fuera ayer, entré en Ayudarte con mi madre (mi padre llegó más tarde) y allí estaba la mujer más habladora y alegre que probablemente conoceré. Yo estaba de morros, no la necesitaba, no quería su ayuda, ni la miraba. Me fui acostumbrando a ir allí y a dejar cada lágrima que tenía guardada de aquella tristeza. Iba una vez a la semana siempre, hasta en verano, pero me dejó de importar. Era casi una vía de escape aparte del baile.

 

Me estaba poniendo bien casi sin saberlo hasta que dejé de ir todas las semanas. Ahora soy como era y me echaba de menos.”

 

Gracias a adolescentes como ella, cada día estoy más convencida de que nuestra vida puede ser mejor si dejamos que alguien nos ayude y a veces alguien externo como un psicólogo es mejor por tener una visión diferente al problema. Es increíble la labor que podemos hacer y lo que puedes cambiar la vida. La gente como le pasaba a la protagonista de hoy tiene miedo a las recaídas, a no estar preparados, a echarme de menos. Pero, yo sé que cuando les recomiendo que “vuelen” lejos del estudio es porque ya no me necesitan, pero si algún día lo hacen, yo estaré ahí para ayudarles 😉

 

¿Y tú has necesitado a alguien así en tu vida? ¿en qué momento? ¿crees que la labor de un psicólogo para niños o adolescentes es necesario?

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