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¿Cuántas veces has sentido que tu hijo estaba haciendo o diciéndote algo para molestarte? En muchas ocasiones cuando un niño es pequeño no le damos tanta importancia a las provocaciones que puedan tener porque se quedan en un “tonto” o “mala”. Sin embargo, debes tener en cuenta que a su nivel está tratando de generar una reacción por tu parte y que su modo de protestar o gestionarlo no está siendo el adecuado para conseguir algo. Si además observas que este comportamiento sólo lo tiene en casa o con uno de los padres, debes analizar el motivo por el que se comporta diferente.

Hay muchos motivos para que un niño pueda provocarte: el momento de desarrollo (los niños más pequeños o los adolescentes), una personalidad muy marcada, baja autoestima, el estilo educativo que tienen los padres, celos u otro tipo de problemas que desconoces. Por eso, es importante que tengas en cuenta estos consejos que te ofrezco a continuación:

  • Conecta con sus emociones:  Si estáis en plena discusión y tu hijo trata de provocarte, ese es el momento en que tienes que parar, no puedes dejar pasar alto que está claro que hay algo que no se está resolviendo adecuadamente. En ese momento es prioritario trabajar la empatía y que sea capaz de expresar sus emociones de otra forma.

  • Negocia con él y cúmplelo: No se trata de ver quién tiene razón o quién gana, porque de esa forma al final los dos acabareis perdiendo. Cuanto tú te impones y ves a tu hijo sufrir y además recibes provocaciones de su parte, nadie gana. Lo mejor es que establezcas unos límites, le preguntes que es lo que quieres y en la medida de lo posible le plantees alternativas para que escoja y una vez que hayáis llegado a una solución te mantengas firme con tu decisión. Por ejemplo, ¿quieres ir al parque con un abrigo o con un plumífero? En cualquiera de las dos elecciones va abrigado (aunque a ti te guste más una opción que otra), sin embargo, si no escoge ninguna de las dos opciones de abrigo, no irá al parque (si esa es la decisión a la que has llegado o tú limíte). Si por ejemplo, en un momento dado le da por vacilarte o monta una rabieta y tu cedieras y fueras al parque a causa de ese comportamiento, entendería que así consigue lo que quiere.

  • Mantén una distancia emocional, esto no es por ti: Cuando te ataca, es inevitable pensar que te has equivocado en su educación o que estos “ataques” son porque no te quiere. Sin embargo, nada de eso es verdad y no tiene que ver exactamente contigo, más bien tiene que ver con que lo que ha pasado le ha molestado y es su forma de descargar su enfado o resolver la situación. No sabe gestionar la frustración de otro modo, así que lo mejor es tratar de orientarle y que vea cómo lo puede hacer de otra forma ¿y qué mejor que viendo que tú no te desbordas? Si te quedas más tranquila, cuando en el estudio algún niño ha dicho que no quiere a sus padres, nunca ha sido verdad, sino más bien se han dejado llevar por la situación y han sido impulsivos y cuando han estado más tranquilos se han avergonzado de lo que han dicho.
  • Tu eres el adulto y debes marcar el ritmo: Muchas veces el en fragor de la discusión te dejas llevar por ella, en vez de pensar que no hace falta que se resuelva en ese instante, quizás es importante que tomes un respiro. El momento clave es cuando dejamos de hablar del tema para echar cosas en cara o tratar de hacernos daños. En ese momento, lo mejor es parar y reevaluar la situación (bien sola o con tu pareja) durante unos minutos. No digas nada de lo que luego te puedas arrepentir. Las palabras no siempre se las lleva el viento.

Ahora nos encantaría saber tu opinión ¿sientes que tu hijo te desafía? ¿cómo reaccionas en esos casos? ¿qué es lo que mejor te funciona?

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