¿Cómo se forma la idea de la muerte en los niños?
La muerte es una realidad que todos enfrentamos, pero su significado no es evidente para los niños
desde el inicio de la vida. La forma en que comprenden y procesan la muerte evoluciona a medida que maduran, tanto cognitiva como emocionalmente. Para padres y profesionales de la salud, es crucial conocer cómo se construye esta noción en las distintas etapas del desarrollo infantil, con el fin de acompañarlos de manera sensible y adecuada cuando enfrentan una pérdida.
¿Qué significa “comprender la muerte”?
Desde la psicología del desarrollo, se considera que una persona tiene una comprensión completa de la muerte cuando ha integrado los siguientes cinco conceptos fundamentales:
1- Irreversibilidad: la muerte es permanente; no hay retorno.
2- Inevitabilidad: todos los seres vivos mueren en algún momento.
3- No funcionalidad: cuando alguien muere, su cuerpo deja de funcionar por completo.
4- Causalidad: la muerte tiene causas físicas o biológicas, no mágicas.
5- Universalidad: todos los seres vivos, sin excepción, mueren.
Los niños desarrollan estas ideas de forma gradual, influenciados por su edad, nivel cognitivo, experiencias personales y el contexto cultural y familiar.
Etapas evolutivas de la comprensión de la muerte
0 a 2 años – La muerte como ausencia
En esta etapa, los bebés no tienen un concepto de muerte. Sin embargo, sí pueden percibir la ausencia de una figura significativa y mostrar reacciones como llanto, irritabilidad o alteraciones del sueño y la alimentación. Aunque no entiendan lo que ha ocurrido, sienten el impacto emocional del cambio.
2 a 5 años – Muerte reversible y pensamiento mágico
Durante la etapa preescolar, los niños suelen ver la muerte como algo temporal o reversible, similar a irse de viaje o quedarse dormido. Pueden creer que la persona fallecida “volverá” o “se despertará”. También es común el pensamiento mágico: pueden pensar que su enojo o una mala palabra “causó” la muerte.
👉 Recomendación práctica: Evita eufemismos como “se fue a dormir” o “se fue de viaje”. Son confusos y pueden generar miedo a dormir o a separarse de los padres.
6 a 9 años – La muerte como algo real, pero aún distante
Aquí los niños comienzan a comprender que la muerte es permanente y que afecta a todos los seres vivos. Sin embargo, aún pueden pensar que les ocurrirá solo a los ancianos, o que ellos y sus seres queridos están “a salvo”.
👉 Es común que hagan preguntas concretas (“¿Qué pasa con el cuerpo?”, “¿Duele morirse?”, “¿Dónde va la gente cuando muere?”). Es importante responder con honestidad y sencillez, sin dar más información de la que están preparados para procesar.
9 a 12 años – Comprensión madura
A partir de los 9 años, la mayoría de los niños ya comprenden que la muerte es irreversible, inevitable y universal. Pueden desarrollar una mayor conciencia de su propia mortalidad, lo que puede generar ansiedad o miedo. También empiezan a cuestionar temas más profundos relacionados con la existencia, el alma o el más allá.
👉 Aquí el diálogo emocional se vuelve clave. Escuchar sus inquietudes sin imponer creencias, pero ofreciendo contención, es fundamental.
Factores que influyen en la comprensión de la muerte
Experiencias previas: la muerte de un ser querido o una mascota puede acelerar o profundizar el proceso de comprensión.
Estilo de comunicación familiar: las familias que hablan abiertamente sobre el tema, sin tabúes ni exageraciones, favorecen un desarrollo más sano del concepto.
Influencia cultural y religiosa: estas creencias pueden ofrecer un marco de interpretación y consuelo, pero también pueden generar confusión si no se explican bien.
Capacidades cognitivas individuales: niños con mayor madurez intelectual o sensibilidad emocional pueden tener una comprensión más precoz.
El papel del adulto: cómo acompañar a un niño en duelo
Para padres:
Sé claro y sincero. Adapta tu lenguaje a su edad.
Permití que exprese su dolor, su enfado o sus miedos sin juzgarlo.
Establece rutinas estables que aporten seguridad emocional.
Involucra al menor en rituales de despedida, como escribir cartas, hacer un dibujo o asistir a una ceremonia (si lo desea).
No minimices su dolor con frases como “era solo un perrito” o “ya se te va a pasar”.
Para profesionales de la salud:
Favorece un espacio de expresión emocional, a través del juego, el dibujo o el diálogo
Observa las reacciones físicas y emocionales que pueden ser manifestaciones del duelo: regresión, alteraciones del sueño, irritabilidad, aislamiento.
Establece con la familia estrategias comunes para sostener al niño.
Deriva a un especialista en salud mental si los síntomas persisten más allá de 6 meses o afectan su funcionamiento cotidiano.
Conclusión
La muerte es parte de la vida, y comprenderla también es parte del crecimiento. Aunque como adultos muchas veces queramos proteger a los niños del dolor, lo cierto es que hablar de la muerte con naturalidad, adaptándonos a su nivel de desarrollo, es una forma de cuidarlos. Validar sus emociones, ofrecer explicaciones claras y estar presentes son las mejores herramientas para ayudarlos a atravesar el duelo con seguridad y resiliencia.




