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4 tips para que tu hijo adolescente supere sus complejos

¿Quién no cambiaría algo de su físico? ¿No sería increíble estar siempre fantástica todo el día y desterrar los complejos? Si tú tienes esos deseos, ¿cómo tu hijo no va a pensar lo mismo?. Aceptarte es difícil y que tu hijo lo haga también. Por eso, acude al rescate nuestra Guía Superpapis con 4 consejos que debes tener muy en cuenta si quieres sobrevivir en el día a día de cualquier adolescente.

Cuando llega la preadolescencia (ese período indeterminado entre los 10-12 años) empiezan gran parte de los complejos e inseguridades. Normalmente, por el verano se evidencian aún más, ya que suele ser la época del año en que dan el “estirón”. Los cambios que empiezan a experimentar alrededor de los 10 -12 años no sólo son físicos.

A la mayoría de las chicas y los chicos les cuesta acostumbrarse a los cambios que se están produciendo en su cuerpo. Su imagen corporal es una de sus principales preocupaciones. Con frecuencia se ven gordos, o les salen granos en la cara o tienen pecho (o carecen de momento de él) y eso hace que les cueste mirarse al espejo. En ocasiones, tratas de empatizar con tu hijo pero acaba sintiéndose aún peor. Es complicado entender a un preadolescente ante esos cambios de humor y encima darles un consejo sin que les siente mal . Así que hoy te damos ciertas pautas para saber qué decir o qué hacer y que los cambios físicos no afecten tanto a su autoestima.

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No le trates como a un niño o le avergüences en público: Ya es bastante complicado aceptarse como para encima tener a alguien que señala aquello porque lo que estás inseguro. Frases como: ¡Vaya grano te ha salido! o ¡Ya estás hecha toda una mujercita o un hombrecito! no van a ayudarle, de la misma forma que a ti no te gusta que señalen la mancha en un tu traje. Así que si no sabes que decir, mejor no digas nada.

Trátale con respeto y deja de ser gracioso o de tratar de caerle bien a sus amigas y hacerte amiga de sus amigos. Relaciónate con naturalidad con él o ella, tal y como siempre lo has hecho.Y sobre todo, nada de historias «graciosas» de cuando eras pequeño o ¿A ti te gustaría que tu madre fuera a tu trabajo y le contara a tu jefe que te hacías pis en la cama? Hay historias que es mejor que se queden entre tú y tu hijo.

 

Comprende que tenga altibajos o se preocupe por su físico y refuerza su autoestima: Muchas veces con nuestra mejor intención, tratamos de quitarle importancia a esos problemas que todo el mundo considera más superficiales. Sin embargo, es importante que le dediques un tiempo. No se trata de tener un monologo con él sobre lo maravilloso que es o sobre cuando tú eras joven, sino saber que puede contar contigo y que sea lo que fuere que le preocupa, tú vas a estar ahí apoyándole.

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Evita las comparaciones con los demás: Si la felicidad de tu hijo depende de cómo le ven los demás, trata de que se centre en todas sus fortalezas. El problema no es su cuerpo sino la forma en que se ve y cómo se esconde. Debe empezar a ser consciente de que cada uno tiene su ritmo y tú también. Jamás hay que centrarse en un defecto porque se acabará siendo el protagonista de su vida. Lo peor de que un defecto inunde tu vida y dejes que defina quién eres, es que te pierdes vivir muchas cosas. Por eso, debe buscar lo que le hace sentirse bien consigo mismo y buscar sus cualidades. Debes ayudarle a que las encuentre porque si se lo dices tú, no te creerá.

 

Huye de la perfección y él también lo hará: Tal y como decíamos al principio, si no estás cómoda o estás insegura con tu cuerpo, a tu hijo le sucederá inevitablemente. Si para muchos adultos es imposible no sentirse seguros al publicar una foto si no ha pasado antes miles de filtros, para los adolescentes es una prueba de fuego a la que también se exponen. La presión es inevitable pero es que nadie se da cuenta de que para que haya una foto buena, ha tenido que haber miles de ellas que van directamente a la papelera del móvil.

Por eso, si quieres que tu hijo no tenga complejos, deberás ser tú la primera persona que los supere y no le de tanta importancia a la lorza, las arrugas o las canas que te salen. Si quieres que un complejo no se convierta en un problema más grave, sal de casa o hazte una foto aunque no estés perfecto. La imperfección es la clave para vivir una vida sana y sobretodo ser más feliz.

Si no nos crees, te proponemos que veas el anuncio de “Legacy” (Herencia) de Dove. En él aparecen madres hablando de las partes que no les gustan de su cuerpo y las que les gustan más. Al mismo tiempo, le pidieron la misma tarea a sus hijas. El resultado es sorprendente… Nos quedamos con el final del anuncio “La forma en como una niña siente acerca de su belleza empieza con como te sientes con la tuya”.

 

Ahora es tu turno, estamos impacientes por ver vuestros comentarios acerca del tema. ¿Crees que has contagiado tus complejos a tus hijos? ¿Cuáles eran tus complejos cuando eras adolescente? Y lo más importante ¿cómo los superaste?



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