La adolescencia es un periodo de grandes cambios. En estos años, que aproximadamente suelen comenzar sobre los 11 años y durar hasta los 17 o 18 los jóvenes pasan por transformaciones físicas, emocionales y sociales que pueden ser intensas y, en ocasiones, difíciles de manejar. No es raro que muchos padres, docentes o cuidadores noten actitudes de oposición, desafío o mayor agresividad. Aunque estos comportamientos pueden generar preocupación, nuestra experiencia en psicología muestra que suelen tener raíces comprensibles y relacionadas con el propio proceso de crecimiento. A continuación se van a exponer algunas de las posibles causas para entender este momento vital de los adolescentes y posteriormente algunas recomendaciones para actuar de la mejor manera posible ante situaciones conflictivas de oposición o agresividad. Se van a añadir ejemplos de cada apartado para hacer la comprensión más accesible para todo tipo de públicos, ya sean profesionales de la salud o padres que se enfrenten a este tipo de situaciones.

  • Cambios en el cerebro y emociones intensas
    Durante la adolescencia, el cerebro atraviesa una etapa de reorganización después de la poda neuronal que se da en la etapa infantil en la que hay también muchos cambios a nivel cerebral. El área encargada de las emociones (el sistema límbico) entra en una etapa de maduración antes que la zona responsable del control de impulsos y la toma de decisiones (situada en la corteza prefrontal o neocórtex). Este desbalance temporal lleva a que los adolescentes reaccionen de forma más intensa ante situaciones que, desde la mirada adulta, parecen menores o nimias.
    Ejemplo: Un adolescente que recibe una corrección leve en clase puede contestar con irritación, insultar o abandonar el aula de manera abrupta.
  • La búsqueda de identidad y autonomía
    Los jóvenes están construyendo su identidad y necesitan marcar distancia respecto a los adultos, diferenciarse, en especial de sus padres.
    Para ello, es común que cuestionen normas, negocien límites o se opongan a tareas que antes cumplían sin problema.
    Ejemplo: Un adolescente que antes hacía las tareas del hogar sin protestar ahora responde “No soy un niño, es MI habitación y yo decido”.
  • Dificultades para manejar emociones
    Las emociones adolescentes pueden ser intensas y cambiantes. La presión escolar, el deseo de pertenencia, la comparación con otros, los cambios corporales y hormonales, la incertidumbre, etc, pueden generar frustración que, si no se expresa adecuadamente, se manifiesta como irritabilidad o agresividad.
    Ejemplo: Una adolescente llega a casa tras un día difícil y estalla en gritos ante una pregunta ya repetida por su madre sobre cómo ha ido el día.
  • El papel del entorno familiar
    La dinámica del hogar influye significativamente. Entornos excesivamente autoritarios pueden generar rebeldía o extremada sumisión (dificultad para poner límites con otros iguales), mientras que los demasiado permisivos dificultan la tolerancia a la frustración y a veces también pueden ponerse en mayor riesgo desde el desconocimiento. En definitiva, sabemos que la inconsistencia en los límites también genera tensión.
    Ejemplo: Si un día está permitido algo y al siguiente no, el adolescente puede reaccionar con oposición, especialmente si no hay un consenso entre los adultos.
  • Influencia del grupo de pares
    La aceptación entre iguales es crucial para la mayoría de ellos. Algunos adolescentes adoptan comportamientos desafiantes para encajar o ganar reconocimiento, especialmente de los hermanos o del grupo de clase.
    Ejemplo: Un joven tranquilo en casa puede volverse provocador con sus amigos para no ser excluido en el parque o el cole.
  • El entorno escolar
    Las dificultades académicas o tensiones con docentes pueden generar conductas opositoras como defensa ante la vergüenza o el fracaso.
    Ejemplo: Un estudiante que se siente incapaz ante una tarea puede contestar al profesor para evitar exponerse a la vergüenza de no saber.
  • Temperamento y predisposición personal
    Cada joven tiene un temperamento propio. Algunos son más impulsivos o sensibles, lo cual puede incrementar su reactividad ante algo emotivo.
    Ejemplo: Un adolescente muy reactivo puede enfadarse ante cambios inesperados de planes.
  • Experiencias adversas
    Vivencias de violencia, rechazo o pérdida pueden aumentar las respuestas defensivas o agresivas. La tristeza en niños o adolescentes a veces puede confundirse con el enfado o la ira.
    Ejemplo: Un adolescente que sufrió críticas constantes en su familia puede interpretar comentarios neutros como ataques.

Recomendaciones para el manejo de conflictos

A continuación vamos a dar varios consejos o recomendaciones para lidiar con situaciones de conflicto u oposición, pero como hemos comentado, por muchas razones, suele ser habitual que un adolescente tenga una posición contraria a la nuestra o una irascibilidad o agresividad que nos cuesta comprender. Para ello sería bueno tener en cuenta los siguientes puntos:

1. Mantener la calma ante reacciones intensas
Hablar con tranquilidad, evitar gritar y dar espacio si es necesario. Este punto es el más importante porque pueden reaccionar con mayor excitación ante la emoción de un adulto alterado o nervioso.
Una frase útil: “Hablaremos cuando estemos más tranquilos. Quiero entenderte mejor para poder ayudarte.”
2. Establecer límites claros y coherentes
Pocos límites, firmes y constantes, con consecuencias realistas.
Ejemplo: “La hora de llegada es a las 10. Si necesitas modificarlo, lo conversamos antes de que te vayas.”
3. Escucha activa
No interrumpir, validar la emoción y buscar comprender, muchísimas veces tiene sentido para ellos la importancia que le dan a las cosas.
Ejemplo: “Entiendo que estés frustrado; hablemos de cómo manejarlo mejor.”
4. Reforzar lo positivo
Reconocer esfuerzos y avances.
Ejemplo: “Noté que trataste de controlar tu respuesta. Eso es importante, bien hecho.”
5. Ofrecer opciones
Dar alternativas reduce la confrontación muchas veces.
Ejemplo: “Puedes hacer los deberes ahora o después de merendar, tú decides pero hay que hacerlos.”
6. Favorecer la regulación emocional
Promover actividades física, estrategias de relajación o expresión creativa.
Ejemplo: “sé que no te gusta el baloncesto pero ¿Qué te parecería apuntarte a dibujo en su lugar?”
7. Evitar humillar, ridiculizar o comparar
Describir conductas en vez de etiquetar al adolescente, no actuar desde el rencor ni compararlo con otros que se están portando mal.
8. Fortalecer el vínculo
Compartir actividades agradables sin juicio y conversar sobre intereses que puedan existir en común.
Ejemplo: “Yo a tu edad aprendí a jugar al ajedrez justamente como tú, ¿te gustaría echar una partida?
9. Modelar autocontrol
Resolver diferencias con respeto y pedir disculpas cuando corresponde ya que todos podemos equivocarnos en algún momento.
Ejemplo: “me equivoqué, no debería haber subido el tono de voz y te pido disculpas por ello”
10. Buscar ayuda profesional si es necesario
Si la agresividad es persistente o afecta la convivencia, la orientación psicológica puede ser útil tanto de forma individual como familiar si los padres también reconocen algunos errores propios o se ven desbordados por alguna situación compleja.

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