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Finales Felices: «Sigo teniendo miedos, ahora los veo de una manera diferente»

Los campamentos son experiencias únicas e inolvidables dónde no sólo conoces infinidad de aspectos sobre ti mismo y los demás, sino que puedes aprender y dedicar tiempo a aspectos extracurriculares que te interesen: profundizar en inglés y conocer a personas de otras culturas y lugares distintos, probar actividades deportivas nuevas, aprender cómo sobrevivir en un bosque… Y lo más importante: dosis de diversión asegurada. No obstante, todos los niños y niñas que van de campamento no viven de la misma forma esta “aventura”. Por ejemplo, nadie se podía haber imaginado que nuestro protagonista de finales felices de hoy, un niño cariñoso, extrovertido, sensible y creativo que le encantaba disfrutar con la naturaleza podría tener una mala vivencia.

 

¿Por qué los niños pueden no disfrutar en un campamento?

 

Hay múltiples causas desde que le cuesta separarse de su familia porque ha vivido en un ambiente sobreprotector, que las actividades o los compañeros no eran cómo se esperaba etc. En la historia de hoy, la nostalgia inicial que todo niño puede llegar a sufrir aumentó de tal manera que los monitores tampoco supieron gestionar dicha ansiedad ni empatizar con sus sentimientos. La ansiedad, el miedo, la nostalgia son emociones que todo el mundo puede llegar a vivir en un campamento, infravalorar ese tipo de emociones no proporciona herramientas a los niños y en algunos casos puede generar el efecto contrario. Precisamente, esto es lo que sucedió con el protagonista de hoy, un niño valiente y alegre que pasó una experiencia que le marcó durante unos meses, pero que afortunadamente logró superar.

 

ayudarte estudio psicologia gijon“Tenía 9 años cuando fui a ver a Nuria. Había pasado una experiencia horrible en un campamento y a la vuelta tenía miedo a salir de casa o a separarme de mi madre. Poco a poco fui perdiendo el interés en ir a los sitios, no quería salir a la calle ni jugar. Solo quería estar en casa. Ir al colegio me costaba muchísimo. No era el mismo, y no es que de repente me volviera así, es que necesitaba ayuda.

Conocíamos a Nuria y mi madre me llevó para que nos ayudara. Ella también iba, no a la misma hora que yo, y así los dos estábamos con Nuria.

Al principio me costó un poco, porque ese rato allí me daba un poco de angustia. Nuria me enseñó a relajarme, y con juegos y charlas conseguí ir domando esa angustia. Lo que más me gustó fue cuando me di cuenta que me gustaba ir a ver a Nuria, que ya no tenía tristeza por separarme de mi madre y que estar allí me ayudaba. A mi madre también le vino bien ir para poder entender mejor lo que me pasaba. Y eso me daba mucha tranquilidad. Saber que ella me entendía.

Ha pasado tiempo desde entonces, y aunque sigo teniendo miedos, ahora los veo de una manera diferente. Y si algún día veo que me pueden, volveré a llamar a Nuria para que me ayude. La quiero mucho y siempre me acuerdo de todo lo que me enseñó.”

 

Por tanto, aunque alrededor del 90% de los niños y jóvenes puedan sentir nostalgia por separarse de su familia y estar en un entorno desconocido en los primeros dos días, no todos cuentan con las mismas herramientas para afrontarlo pasado ese tiempo.

 

¿Qué tipo de herramientas son importantes?

  • Visualización positiva: en vez de pensar en el peor de los escenarios estando en un campamento, que piense en los aspectos positivos. Siempre hay días buenos y malos y actividades mejores y peores y es importante que no se centre sólo en las malas experiencias.

 

  • Exponerlo gradualmente sin forzarlo: El problema no se soluciona con no volver a un campamento, es importante que siga teniendo escapadas y que no le coja miedo a estar fuera de casa porque le incapacita y le aísla más que le ayuda. Así que no quieres empeorar el problema, trata de que se vaya enfrentando a él y que conozca a qué tiene miedo.

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  • Estrategias de relajación: Es importante que si tu hijo se agobia o ha tenido episodios de ansiedad, sepa gestionarlos, sino es ahora para más adelante.

 

  • Valida sus emociones y establece un plan de actuación, ese “plan b” que pueda ayudar al niño a sentirse aliviado y comprendido con lo que le está sucediendo.

 

Por supuesto, si estas estrategias o el  plan que habéis elaborado no funciona y aparecen las secuelas de las que hablamos, es importante acudir un profesional como un psicólogo para que pueda ayudar tanto a la familia como a los niños.

Como siempre, ya sabes que sea Agosto o cualquier otra época, nos encanta saber tu opinión, ya sea en nuestras redes sociales o en los comentarios así que cuéntanos  ¿cómo fue para tu hijo el campamento? ¿crees que los campamentos son beneficiosos o están sobrevalorados?



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